Una preciosa aurora vista desde Conecticut. Han descubierto que el célebre fulgor de la aurora no se debe a los vientos solares, como se creía hasta ahora, sino a las "subtormentas" magnéticas.
Las auroras causadas por vientos solares son muy débiles y a simple vista apenas pueden percibirse. Las espléndidas y coloreadas auroras que vemos son causadas en realidad por las subtormentas magnéticas.
La aurora, que debe su nombre a la diosa romana del amanecer, ocurre cuando veloces flujos de protones y electrones procedentes del Sol son guiados por el campo magnético de la Tierra y chocan con los átomos y moléculas atmosféricos.